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Reseña de Clayface

Writer: Fernando Candelaria
Fernando Candelaria
8 minutes ago
3 min read

Una película de Clayface era algo que absolutamente nadie estaba pidiendo. Y después de las desastrosas películas de villanos de Spider-Man como Morbius, Madame Web y Kraven, no podemos culpar a nadie por pensar que pasaría lo mismo con un villano de Batman no tan reconocido.


Pero por lo menos CLAYFACE tiene algo que esas otras no tenían: la historia nació de una propuesta de Mike Flanagan, quien vio en el personaje la oportunidad de contar una historia de horror. Su pitch convenció a James Gunn y Peter Safran de darle espacio en DC Studios, y el proyecto terminó bajo la dirección de James Watkins, con un guion de Flanagan y Hossein Amini. Así que, por lo menos, hay algo de pedigree detrás de esta película.


¿El resultado? Me gustó. Tiene un gran protagonista, momentos de body horror que te harán estremecer en tu asiento y secuencias que aprovechan muy bien sus poderes. Pero aunque la disfruté, esperaba salir un poco más impresionado del cine.


Tom Rhys Harries es quien sostiene la película. Hace que Matt Hagen sea suficientemente vulnerable y simpático para que te importe lo que le pasa y quieras que salga adelante, incluso mientras se convierte en un villano cada vez más despiadado. Entiendes su rabia y sigues de su lado aun cuando sus acciones deberían hacerte reconsiderarlo.


La historia es bastante simple y adapta básicamente el origen de la versión de Clayface de la serie animada de Batman de los 90s. El conflicto arranca con Matt Hagen, un reconocido actor de Hollywood proveniente de Gotham City, quien se involucra con la mujer de un mafioso. Este inevitablemente se entera y se venga mutilándole la cara. Matt pierde todo y, en su desesperación, se somete a un procedimiento experimental que termina dándole el poder de transformar su cuerpo en cualquier otra persona.


El resto de la trama va en la misma vena de películas como Darkman y Hollow Man, una clásica historia de venganza con elementos de body horror que son el atractivo mayor de la película. También hay algo de The Fly en lo es el impacto de la transformación física del protagonista y el elemento de romance trágico. Es una fórmula bastante conocida y ouede see algo predecible, pero funciona lo suficiente para mantenerte interesado en lo que está pasando.


El pacing es algo lento, pero mantiene el interés mientras Matt intenta recuperar su apariencia y va descubriendo lo que puede hacer. La relación que desarrolla con la doctora Caitlyn Corr, interpretada por Naomi Ackie, añade un elemento romántico que funciona y le da algo más que perseguir fuera de su venganza. El resto del elenco cumple su propósito, aunque nadie sobresale al nivel de Harries.


Los efectos a veces funcionan y a veces no. El maquillaje y el deterioro físico funcionan muy bien; sin embargo, algunas de las transformaciones las realizaron de forma instantánea, en vez de dejarnos ver la transformación como tal, y eso me sacó un poco de la película.


Ahora, cuando esos cambios rápidos se usan de forma creativa, funcionan muy bien. Hay una secuencia en un nightclub en el tercer acto que para mí fue el highlight de la película. Matt tiene mayor dominio de sus poderes y la película encuentra cómo aprovecharlos en una secuencia bien pensada y visualmente entretenida. Me hubiera gustado ver más de esa creatividad a lo largo del resto de la película.


El mayor atractivo, sin duda, es el body horror. Hay momentos que te harán retorcerte en la silla, especialmente una secuencia en el baño de un avión que está para pelos. En ese aspecto la película cumple, aunque hubiera preferido que aprovecharan la premisa y la clasificación R para traernos momentos aún más perturbadores y memorables. Personalmente, hubiera disfrutado más que llevaran ese nivel de horror aún más lejos.


Así que, a diferencia de películas como Morbius y Kraven, CLAYFACE sí entrega una historia interesante, bien desarrollada, con elementos de body horror que funcionan y que, sobre todo, consigue que te interese seguir la historia de este villano y, más importante aún, te deja queriendo ver más de él y su inevitable encuentro con Batman.


Hablando de Batman, realmente no necesité que apareciera para disfrutar lo que estaba viendo, pero sí hubiera estado chévere alguna referencia que por lo menos reconociera su existencia. Fuera de uno que otro easter egg, esta película, para bien o para mal, no utiliza su conexión al personaje más popular de DC, y no estoy seguro de si eso es algo admirable o una oportunidad desaprovechada por parte de la producción.


Overall, pasé un buen rato en el cine. No me voló la cabeza, pero hay bastante para disfrutar. Una buena historia de origen y venganza que, aunque no rompe nuevo terreno, sirve de vehículo para el body horror y las secuencias de acción que nos prometió.

 
 
 

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